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PabloLuna

¿Es bella? ¿Viviría con ella?

El día de hoy tuve el privilegio de poder oír a una de las más grandes figuras representativas de la Historia peruana, la señora María Rostworowski. Fue muy amena, colorida y altamente risueña su ponencia. Con una naturalidad muy fina y elegante en sus suaves comentarios, todos estábamos muy envueltos de sus experiencias personales, laborales, institucionales tanto aquí como en el extranjero. Y estoy seguro que la que más resaltó fueron sus años escolares en Polonia, donde recordaba los bailes de las hermosas polonesas. Ella, si bien es peruana, su padre que era polaco se la llevó de muy pequeña -en la segunda década del siglo anterior- por un período de catorce años aproximadamente, desde los cinco hasta los diecinueve años de edad, momento en el que por decisión propia -y luego de estar en otros países- regresa al Perú. Ha hecho innumerables investigaciones, y es toda una autoridad en la materia que no necesita ninguna aclaración mayor de mi parte.

Me gustó mucho eso sí, ese gran amor que le tiene al Perú, su trabajo incansable y su vitalidad muy suave pero muy vigente y ese carisma para con la juventud. Justamente su mensaje para nosotros fue: "siéntanse orgullosos de su tierra y de su patria". Y terminó agregando lo siguiente a un párrafo inicial: "Cuando llegué a Lima fue impactante, una ciudad gris, poco atractiva, con un cielo melancólico, tan triste, y realmente asustaría a cualquiera que viene de afuera... Al menos a mí, que fui criada en el campo, con la naturaleza y un cielo maravilloso... Pero con el paso del tiempo, me di cuenta que Lima, es lo mejor! En resumen: ¡Para viajar cualquier parte del mundo, pero para vivir, Lima!". Vinieron los aplausos y bueno, calabaza, calabaza, todos a su casa.

Aquí es donde viene mi reflexión. Justamente esta charla fue en el centro de Lima. No fue en Europa, o en una ciudad de los países adelantados, sino que fue aquí en Lima, la horrible. Y fue en Lima centro, además! Esa Lima que seguramente ella debió haber conocido y disfrutado.

Cuando salí del Centro Cultural del Jr. Ucayali. (Los que son de aquí, podrán entender mejor de la «belleza» de dicho jirón), lo primero que sinceramente me sorprendió fue la poca iluminación de esas sucias y sórdidas calles. "Bueno, -me dije-, debe ser un prejuicio mío, a lo mejor no estoy viendo bien, Lima, es bella". Pero a medida que iba avanzando hacia el Jirón de la Unión, por algunas callejuelas -que seguramente en la época colonial pasearían tapadas con miriñaque, carruajes y muchas cosas más- la oscuridad se iba acentuando, y los rostros eran extraños. Eso sobre todo. Los rostros tomaban cierto rictus, cierta expresión que no sabía si eran huellas de fantasmas mefistofélicos o simplemente gente desesperada por vivir en esta Lima, que dicen va a llegar a los ocho millones de habitantes.

Felizmente, vi la luz, llegué al Jirón de la Unión, y me confundí con toda esa masa promiscua de gente, de la que era parte. Los edificios con arquitecturas afrancesadas algunos, que quizá a inicios del siglo pasado fueron hermosas joyas, ahora son antros de diverso género. Aún así seguía pensado, "Lima, es bella". Pero luego me cuestionaba "¿Lima, es bella?"

Cuando llegué a la Plaza San Martín, el "sabor atmosférico" era algo indescriptible. Demasiada «belleza» puede obnubilar a mis ojos ignorantes. Pero cuando entré por el antiguo boulevard Quilca, los gritos de los charlatanes me hicieron tomar conciencia que entraba a un submundo del submundo. Miré bien: rostros curtidos, pordioseros por doquier, mendicidad moral por todas partes, comunistas, evangelistas, y un montón de parados. Y qué mar de gente. En ese pequeño espacio unas trescientas personas en total quizá, en grupos circulares, de unas cincuenta o cuarenta cada uno.

Ahí estaban en una esquina los degenerados, en otra, los «quemados» física y cerebralmente por tanta sobredosis, en otra los rasta-man, en otra los bohemios y borrachos, y pululando muchos, muchos parados, ambulantes, y también empleados burocráticos de los despachos ministeriales del centro de Lima y esas caras que solo se ven en el Palacio de Justicia y similares. E incluso hasta a un congresista famoso y reconocido me encontré ahí. Y ya cuando mi estómago iba a protestar... quería pensar que Lima era bella. Pero no podía. La realidad superaba a mi romántica imaginación.

Hasta que decidí escuchar qué es lo que decían estos hombres. Y me sonreí al recordar lo de ayer. Sentí algo similar, solo que en sentido opuesto y en otra escala. Y salvando las distancias, había algo contradictorio en estas dos experiencias. Me explico. Así como ayer, que cinco personas en una calle estuvimos disertando -véase nota anterior, aquí debajo- hoy era lo mismo pero en otra escala y con otra idiosincrasia. Pero aquí, había algo más, algo distinto también. Había una especie de resentimiento, de querer desahogar, de violencia y burla a la vez, de decir y gritar tu verdad -la que fuera-, a quien quisieras y como quisieras. Justamente, parecería que estos foros públicos -como queriendo revivir la antigua Grecia- son el lugar perfecto -en este caso específico-, no para disertar, compartir o debatir, sino para poder al menos liberar una ira contenida, una rabia acumulada, deseos insatisfechos al no poder poner los pies en la tierra y recordar que la vida no puede ser más miserable que la que ronda a Lima, la horrible.

Si bien, en contra de lo que dijo Valdelomar, Lima no es el Jirón de la Unión, -menos ese boulevard de Quilca-, no puedo negar que esa misma atmósfera -oscura, tenebrosa, pérdida, plebeya, ultrajada- esas miasmas -creo-, se respiran no sólo ahí sino por otros lares de la capital también. Entonces me pregunto: ¿Qué es? ¿A qué se debe?... ¿Será el cielo? ¿Será la atmósfera limeña o es que su contenido químico de gases y tóxicos a lo mejor, tiene abundancia de algún mal o alguna enfermedad metafísica no visible? ¿Será su gente? ¿Serán los hábitos de los mismos? ¿Será el cúmulo de escupitajos diarios que recibe en su pavimento? ¿Será el desempleo? ¿Será el exceso de población? ¿Será la pobreza de toda índole -cultural, mental, económica material-?

Mi respuesta puede ser absurda. Yo creo que puede ser el cielo (Aunque lo más razonable sería decir, la mezcla de todo).

Claro, Lima también tiene la otra parte, sus barrios residenciales, sus eventos criollos, -sus conos también- su gente de diversas realidades, su mundo de juerga súper colorido donde cada día puede ser un fin de semana, sus playas, y un montón de muchas cosas más, como de rica tradición, que hace justamente muy enriquecedor todo el entorno. Mi hermano vive en un distrito good “a”, pero todo se viene por un tubo, ya que cuando uno levanta la mirada parece que viera nuevamente el pavimento. Este cielo, esa «hermosa» tonalidad gris tan única y peculiar nadie se la quita a esta «bella» ciudad. Ni los días más despejados... O bueno, quizá sí, tampoco seamos tan exagerados.

No obstante, debo reconocer, que sí hay belleza. Y es rara. Es como contemplar lo que hay detrás de la oscuridad. Y nace un orgullo -eso sí- pero no por Lima que está demasiado degenerada -muy arrogante ella, muy soberbia, con una maquillada economía pero perdida al fin y al cabo-, sino por el Perú, por ese Bello Durmiente, como diría Chabuca, por sus provincias, por su serranía, por su costa, su selva, por todo lo que fue alguna vez, y por lo que es, y lo que algún día podrá ser.

Finalmente, para seguir ilustrando sobre Lima, cuando me bajaba del carro me pasó algo emblemático. Una chica se me acercó, con una cara al borde... "Joven, amigo, puede acompañarme? tengo miedo" me dijo. "Es que mi esposo está que sale con otra, y lo estoy espiando". Al principio me impactó por la sorpresa y me sorprendió que fuera casada. Luego la miré bien, y le dije: "Bueno, vamos donde quieras". Pero luego de caminar unos pasos, se detuvo en la entrada de un garaje, y escondiéndose ahí con un rostro medio desencajado, me dijo: "Mejor me quedo aquí".

Me pregunté entonces viendo las calles: ¿Es bella? ¿Viviría con ella? Y seguí felizmente, irónica y paradójicamente, rumbo al puerto, de donde naturalmente y agradecidamente soy!.

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1 comentario

Estela -

Me encanto ¿eres periodista?.
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